Saturno ingresó en Aries activando el inicio de todas las cosas. Se abraza a Neptuno en conjunción, con el que mantendrá acercamientos y alejamientos hasta febrero del 2026, cuando ambos toquen el grado 0 de Aries en simultáneo.
Saturno volverá a Piscis en septiembre de este año y hará su entrada definitiva al fuego ardiente el 14 de febrero del 2026, permaneciendo allí hasta el 2028.
Si de inicios hablamos, este encuentro entre gigantes es un antes y un después. Como todo comienzo de ciclo, es incierto y nos despierta las fantasías más alocadas, desde la paz total a la guerra infinita.
Saturno son las reglas permiten el juego, los bordes que habilitan el espacio. Sin él no hay realidad donde existir. Tampoco hay parámetros con los que regirnos ni límites que nos protejan.
Neptuno es la vida del alma, la búsqueda del misticismo, de lo puro y mágico. Es la fuerza de lo intangible, la conexión con el plano sutil, la empatía y la resonancia cósmica.
Son energías antagónicas.
Saturno consolida, cierra, define.
Neptuno disuelve, desarma, conecta.

Neptuno salió de Piscis cerrando un ciclo de 164 años, comenzado alrededor de 1860. Saturno estuvo en Aries por última vez entre 1996 y 1999.
Entonces, ¿cómo vivir este instante cósmico? Posiblemente lo más atinado sea oscilar entre la forma y la no forma, nadar en aguas artísticas mientras percibimos el misterio del psiquismo, los sueños y los hechizos colectivos.
Neptuno es el dios del océano, representado desde el mundo greco-romano por una figura masculina, aunque originalmente la Gran Mar es femenina y dual. Esa esencia nunca se pierde.
“Quizá, bajo la influencia de Neptuno, recordemos el Árbol de la Inmortalidad, escondido en las profundidades del mar cósmico, y en nuestra lucha con el dolor y el sacrificio, nos esforcemos por volver a conectarnos con la unidad que perdimos al emerger en nosotros la conciencia individual.” / Liz Greene, “Neptuno”.
En el inconsciente no hay diferencia entre pasado y futuro, se rompe la continuidad temporal y la vivencia emocional es puro presente. Por eso la herida colectiva se actualiza y resonamos con todos los tiempos y todos los espacios.
Ningún dolor nos es indiferente.
Queremos ser arrastrados por las olas de la marea colectiva y olvidarnos de todo a la vez que nos resistimos a perder la conciencia individual y luchamos por mantenernos despiertos.
Lo que hay es fricción, y consecuente sufrimiento.
Quizás haya alivio después, cuando todo pase.
Mientras tanto, elijamos el amor.
“Lo que queda después del diluvio neptuniano es uno mismo: un yo desnudo, vulnerable y desenmascarado, y sin embargo, paradójicamente más sabio y más fuerte gracias a que le ha sido revelada su propia tendencia a manipular.” / Liz Greene
Tuve una conversación con Flor Carbajal para tiempos de Neptuno en Aries que te puede interesar: https://www.youtube.com/live/ABni7r6MYss?feature=shared
