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Solsticio de invierno. La profundidad de la Tierra llama a todo lo vivo a retornar al origen.

Tiempo detenido, Sol en suspenso. Los días volverán a clarearse, pero ahora, silencio, introspección e intuición. 

El gran cruce de umbral hacia las aguas cancerianas sucedió con Luna en Virgo: temporada propicia para depurar, separar lo útil de lo inútil, discernir qué se queda cerquita de nuestra vulnerabilidad y qué se va.

Noche perfecta para quemar lo que nos deja para siempre. Para despedir y honrar.

Quirón recién entrado en Tauro. Damos valor al abrazo, al encuentro de miradas. Almas que sienten dolor y placer porque están encarnadas. Cuerpos que se tocan para sanarse.

La mayoría de nuestras angustias no son nuestras, son generadas por un mundo que nos vende resultados inmediatos.

Nos duele el aislamiento. Nos enajenan las pantallas y las respuestas “inteligentes” de una artificialidad soberbia. Nos perfora el sufrimiento de todos los que pasan hambre, que esquivan m1sil3s, que enti3rran a sus hijxs por alguna gu3rr4 absurda. 

Captamos todo, aunque invisible. Nos impregna, porque somos una humanidad sola. Porque el tiempo del agua es empatía y resonancia.

Y aún así, la vida se abre paso entre pulsos, agitaciones y miedos sin saber lo que pasará del otro lado de la membrana protectora. 

La búsqueda de manos que tomen las nuestras se vuelve esencial. Las pequeñas semillas que sembramos quieren compañía para renacer en primavera.

Nuestro mundo interno crece y se ensancha. Vamos a darle la espera necesaria y dejaremos que el propio calor inunde nuestro pecho para compartirlo con otrxs.

Hacia dónde orientar la energía

Sigamos gestando aunque el mundo sea hostil. Apostemos al encuentro, al cobijo, aunque todo parezca derrumbarse.

Nutramos el suelo y aportemos nuestra sabiduría a la comunidad.

Volvámonos humildes. Aminoremos la marcha, sin detenernos. Llevemos la fuerza al interior. Agrupemos las raíces y furias para que se encienda el fuego en nuestro pecho y vientre. Enraicemos los pies.

Disfrutemos guisos picantes y vino espeso. Celebremos el buen dormir hasta que la luz entre por las rendijas. 

Besemos, apretemos, toquemos. Encontremos calor-mamífero para nuestros cuerpos helados.

Amemos con todo lo que tenemos, que este viaje es un ratito demasiado corto.

Agradezcamos a nuestros muertos, reales, simbólicos e imaginarios.

Creemos conjuros de liberación, amuletos de protección, cuentos medicina.

Bailemos.

Ardamos.

Feliz Solsticio de invierno,

Laura.-

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